LA TV Y LOS (DES)INFORMATIVOS DEL TIEMPO (II)

Alguien podría pensar quizá, que el tiempo (climático) es el habitual “para esta época del año”. ¿O… tal vez no? Cabe la posibilidad de que el tiempo no sea el habitual, hay muchas anomalías que diariamente los medios de (in)comunicación se apresuran a destacar. La cuestión de fondo es ¿todas esas anomalías se deben al cambio climático? Es decir… ¿al incremento de anhídrido carbónico también llamado dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera?.. ¿resultado de la actividad humana?

Postularé una tesis –nada original por cierto- porque se cae por su propio peso: Con toda seguridad las anomalías en el clima global se deben a otras causas “distintas” del llamado “cambio climático” tan cacareado por la manipuladora “Ciencia Oficial” o “burocrática”, que diferenciaré de la “Ciencia de Verdad” y con mayúsculas cuyo único compromiso reside en la honesta investigación de los hechos. Veamos por qué:

1.- La concentración de CO2 en la atmósfera, en la actualidad, es de 370 partes por millón (ppm), es decir 370 mg/litro. En el Jurásico y Cretácico, desde unos 280 á 65 millones de años, los niveles de CO2 oscilaron entre las 900 y 3.300 ppm, su clima era cálido y húmedo, y la vida exuberante, bien es verdad que la cantidad de vapor de agua era también superior. sin embargo y permítaseme la licencia, en aquella época no gozaban con la presencia de chemtrails que resecaran el aire dificultando los ciclos naturales de la lluvia, ni tampoco con el proyecto Haarp, ni las antenas de telefonía, ni tantas otras… ¿circunstancias adversas, efectos colaterales?

2.- La información sobre los 1079 correos y 72 documentos obtenida por los hackers en la Unidad de Investigación del Clima de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra -donde todavía se investiga el cambio climático-, fue publicada el 22 de noviembre de 2009, dos semanas antes de la Cumbre auspiciada por la ONU en Copenhague, por los diarios Daily Telegraph, inglés y conservador y el Washington Post, USA, de tendencia liberal. El contenido de esos correos pone de manifiesto el comportamiento escasamente profesional de algunos científicos implicados en esta investigación. Phil Jones, el jefe de la Unidad de East Anglia decía a un colega que no quería ver citado en el informe de la IPCC (Panel-Grupo Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático de la ONU), a científicos que negasen la relación entre el hombre y el cambio climático, aunque para ello, añadía, haya que manipular el sistema de revisión de artículos que usa la ciencia actual. En otro correo discutía la manera de presionar a una revista científica para que no publicase el trabajo de un escéptico, amenazando con marginarla y pidiendo el despido de uno de sus editores. También se tildaba de “idiotas” a los escépticos. Y en el caso de Kevin Trenberth, del Centro de Investigación de la Atmósfera, de Boulder, Colorado, se aceptaba en privado que “El hecho es que no se puede asegurar el cambio climático en este momento y es una farsa que no podemos… Nuestro sistema de observación es insuficiente”. Hay más…¿pero para qué seguir?

Algunos días después –primeros de diciembre de 2009- la BBC británica informó que Phil Jones, “uno de los más prestigiosos científicos del mundo”, había dejado temporalmente su cargo mientras se investigaba la posible manipulación de datos científicos en la Unidad que él dirigía. A primeros de febrero del año en curso, The Guardian, periódico británico de tendencia socialdemócrata, señalaba que el dimitido Phil Jones había también usado datos defectuosos de estaciones chinas, poco rigurosos o científicamente cuestionables.

3.- El sol es hueco y frío, es decir, el efecto perceptible de su radiación, el calor, no es resultado de su combustión nuclear, sino de la interacción de esta radiación, generada por la excitación atómica del plasma solar y la materia que se interpone en su trayectoria. La cuestión es, ¿de donde procede la energía que impacta en la superficie del sol y recibimos después en la Tierra? La respuesta, parece, debe buscarse en otras partes de nuestra propia Galaxia, principalmente en su centro, de donde procede una ingente cantidad de energía o radiación cósmica y polvo, a la que se viene denominando Cinturón de Fotones. La NASA, en general siempre ha desmentido su existencia y también el hecho de que nos estemos aproximando a ella (tocando sería más exacto decir). Sorprendentemente la revista Nature en su edición de 24 de diciembre de 2009 publica la noticia de que “El sistema solar está atravesando una nube interestelar que la física dice que no debería existir”. Las naves Voyager, en los límites del sistema solar han detectado un Nube Estelar a la que denominan “Pelusa Local”, de unos 30 años luz de ancho, pero que, según explican científicos de la Agencia Espacial “se ha descubierto un fuerte campo magnético justo en las afueras del sistema solar que mantiene en su lugar a la nube interestelar y resuelve el viejo problema de cómo es que puede existir esto”. ¿? El descubrimiento -dice al artículo- tiene implicaciones para el futuro, cuando el sistema solar finalmente se encuentre con otras nubes similares en su viaje por nuestra galaxia, la Vía Láctea.

Curiosamente en 1983, un notable hombre de ciencia llamado Paul La Violette (acuérdense de él porque seguramente dará que hablar en los próximos meses y años) elaboró una singular teoría presentada en su tesis doctoral, en general desechada por el mundo científico “oficial” como desgraciadamente ocurre con excesiva frecuencia, donde, entre otras muchas y muy interesantes cosas, decía:

– Cada 10.000-15.000 años, nuestro centro de la Galaxia se ve sacudido por una explosión energética que dura entre varios cientos y unos pocos miles de años: “Una enorme cantidad de electrones y radiación electromagnética impactó (en el pasado) nuestro sistema solar cerca del final de la última glaciación. Este evento de rayos cósmicos y polvo abarcó un periodo de varios miles de años y culminó alrededor de 14.200 años atrás.

– En la actualidad, nuestra proximidad a esa fuente de energía tiene efectos sobre el sol y el clima de la Tierra, los cuales (efectos) no se deben solo a la entrada de rayos cósmicos, sino también al polvo transportado al interior del Sistema Solar. Las observaciones (contrariamente a lo que predicen los científicos de la NASA), han demostrado que el Sistema solar está inmerso en una densa nube de polvo cósmico, lo que ha provocado que el sol cambie hacia el infrarrojo y además, que estos granos de polvo generen un efecto invernadero interplanetario que incrementa sustancialmente el flujo de radiación a la Tierra y al resto de los planetas. Los detalles de este escenario se describen en el libro del Dr. La Violette, La Tierra bajo el fuego, en su tesis doctoral y en una serie de artículos que ha venido publicando.

Esa Nube Estelar llamada oficialmente “Pelusa Local”, avistada por las naves Voyager confirma la teoría del Dr. La Violette, el clima en la Tierra se está viendo afectado desde el centro de nuestra Galaxia y de tal manera que parece poco probable tengamos la más mínima posibilidad de evitarlo.

4.- Nada es lo que parece. El cambio climático existe, pero no es como viene siendo divulgado, ya vemos que las causas son muy distintas de lo que pregona la “propaganda subversiva”. Eso lo saben bien aquellos que siempre juegan con el mazo entero de la baraja, para de este modo ganar siempre. No me extrañaría en absoluto que estos mismos estuviesen detrás de ambas posturas (cambio climático sí, cambio climático no) o cuando menos que nos lo hagan creer de este modo para mantenernos ocupados.

Sin embargo una cosa si parece clara… ¡ya sabemos a que se deben esos fabulosos refugios que se han hecho construir…! y también intuimos otra cosa… absolutamente oscura, ¿para qué el nuevo impuesto? España ha comprometido 125 millones de euros en su lucha ¿? contra el cambio climático… ¿no resulta gracioso? Por supuesto, para nada es gracioso.

OAG

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